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lunes, 26 de julio de 2010

El hombre que mató una época

Aunque siempre he sentido por el western particular inclinación, en los últimos días he dedicado más tiempo que nunca en revisar algunos clásicos del género.
Es extraño, pero las más reconocidas películas de vaqueros centran su atención en contar su derrumbamiento.
Son la crónica del paso de la ley de las balas, al imperio de las leyes escritas. El canto de cisne de una época que languidece.
Mi preferida de siempre es El Hombre que Mató a Liberty Valance, ahí está representado el hombre civilizado, el que pretende fundar un estado de derecho y abomina de las armas, y el salvaje, el que responde sólo a sus instintos.
El término medio es el pistolero con conciencia, el que sabe que la época que vive es obsoleta, que es insostenible. Alcanza a ver la sociedad por venir, entiende lo que prefigura el idealista abogado pero no comparte del todo su estrategia de cambio.
Sabe que para cambiar es necesario mancharse las manos de sangre y sabe también que no todos están dispuestos a hacerlo.
Hay películas brillantes que muestran el esplendor de una época, hay algunas que destacan al mostrar como otras sociedades desaparecen con la dignidad de una vieja dama sureña.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La herramienta no tiene la culpa

Hubo una revuelta en España con las declaraciones de Vicente Molina Foix.
El español, molesto por la alharaca que causó el 50 aniversario de Astérix y el 80 de Tintín, esos famosos comics, y la nula atención sobre al aniversario luctuoso de Boris Vian y el del nacimiento de Eugene Ionesco, se hizo eco de la opinión de muchos, que la Internet es una caja de resonancia de la estupidez humana
Molina Foix enfiló sus baterías contra la industria del cómic y renegó de quienes lo llaman cultura.
La ira lo llevó muy lejos, a terrenos indefendibles y las recriminaciones de los amantes del arte gráfico lo pusieron contra las cuerdas.
En mi opinión, Internet sí es una caja de resonancias. Amplifica la voz emitida y provoca respuestas también ampliadas.
Recuerdo a Lichtenberg: "un libro es como un espejo: si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol''.
Dejemos que un mono se vea en la web y lo que reflejará es un mono.
Dejemos que se vea un apóstol y la imagen del apóstol aparecerá como respuesta.
Dejemos que un político se asome... y bueno, volverá a aparecer un mono, ¿qué le vamos a hacer?.
A lo que voy es que debemos ver a Internet como herramienta, y a la estupidez humana como una condición recurrente e incurable, cuando menos por un medio virtual.
Atengámonos a las consecuencias si dejamos la educación de nuestros hijos en sus visitas a la web, ese lugar en donde sólo hay información, pero no conocimiento.
Sobre si el cómic se debe considerar o no una expresión artística, bueno, ahí el señor Molina se excedió, pero ese es otro tema.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Un "imbécil" se defiende

Tengo una cuenta en Youtube y además la manía de no quedarme callado.
Hace algunos días, viendo la entrevista que hizo Oscar Mario Beteta a Marcelo Fernández Garza, sobre su idea de crear "Grupos de Limpieza" para atacar al narcotráfico; critiqué la entrevista porque no me gustan los admiradores del entrevistado cuando preguntan.
El entusiasmo te limita, corres el riesgo de ser un apéndice, una nota al pie de lo que responde el cuestionado.
Critiqué también al alcalde, al que consideré: "sincero, pero equivocado, pues la Ley se debe respetar".
No fue bien recibido el comentario, pero el más indignado fue el DrAlfredu, un usuario emotivo que me llamó imbécil y estúpido y me envió un correo para hacérmelo saber.
Otros también respondieron, pero fueron más mesurados. Sólo pedían una Revolución.
DrAlfredu es tajante y me dice:

"En ningún momento quiere hacer cumplir la ley (Marcelo Fernández), cualquier librepensador lo capta,
lo que quiere es hacer justicia es decir...
´Hacer valer el derecho más elemental del ser humano´,
ésto evidentemente derivado de un Estado que no puede
hacer valer las garantías individuales de sus gobernados".

La primera frase es contundente... y me da la razón.
¡Pero claro que no quiere hacer cumplir la ley!, por eso mi comentario sobre la sinceridad del alcalde y su errónea propuesta.
La segunda aseveración es confusa: "Cualquier librepensador lo capta".
¿Eso es en demérito de los librepensadores, porque hasta ellos entenderían una declaración tan clara?, ¿Pone DrAlfredu por encima a los dogmáticos?. Y si yo no la entiendo, ¿mi supuesta confusión me pone un peldaño más abajo?
Por otra parte, no hay nada de malo en los ánimos justicieros, ¿quién puede criticarle a alguien el deseo de: "hacer valer el derecho más elemental del ser humano"?
Nadie creo, y yo menos. Sólo que en política DrAlfredu, son los medios los que justifican el fin y no al revés.

"Los métodos y las formas arcaicas que nuestro gobierno
emplea para combatir la delincuencia no alcanzan
y aunque asi no fuére, existen amarres é intereses a los más
altos niveles que evitan que el estado pueda actuar".

Aquí DrAlfredu se extiende en sus críticas a las formas de gobierno mexicano, y las califica de ineficaces y viejas.
Incluyo otra discrepancia. Sí son ineficaces, pero no siempre, y nunca son arcaicas.
Un sistema democrático, con división de poderes, no es más viejo que uno autoritario. Un sistema que se va adaptando a los tiempos que corren, es un sistema de gobierno moderno.
Un gobierno que incluye en su Constitución el respeto a la diversidad de ideas y a las minorías, que le da el máximo de espacio a las libertades civiles, es un gobierno deseable.
A eso aspira México, eso es lo que pretende amparar la Constitución.
No lo logra porque el problema que corroe al Estado mexicano es la impunidad. Ahí está la raíz de nuestros pesares, y Marcelo Fernández Garza, junto con DrAlfredu, quizá sin pensarlo, ayudarán a perpetuar este vicio.
Sobre los amarres a los que alude, sobre esos intereses de alto nivel que existen, porque de ellos hemos sabido, ¿qué puedo decir?. Son el fruto de la impunidad de la que hablé, tienen su raíz en la corrupción de nuestras autoridades.
Continúa DrAlfredu:

"éste sujeto (Marcelo Fernández), que es un empleado más del sistema,
pero con Filosofía de vida "quiere utilizar la ley
para hacer justicia, pero de no ser posible (...) quiere hacer
justicia basándose en el derecho humano más elemental"
El del derecho a la vida!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Imagino como serían las cosas en un estado sin Ley.
Se impondrá siempre la voluntad de los grupos más numerosos y más sólidos.
Si no son grupos, entonces se impondrá el más fuerte, el que tenga menos escrúpulos.
Ante la ausencia de leyes, la vida no vale nada, son precisamente las leyes las que te dan el derecho a la vida.
Y sí... el derecho a la vida es elemental, porque sólo estando vivos podemos reclamar los demás.
En la parte final del mensaje critica la forma de combatir el crimen y da a entender que los que no comparten su opinión, pretenden combatir la violencia con:.

"Un rosario en la mano y con un libro
de Ética en la otra, para que?".

Comparto la idea de no utilizar rosarios en la administración de Justicia.
El orden político debe funcionar "etsi deus non daretur", como decía Grocio. Es decir, como si Dios no existiera.
Lo de la Ética, eso sí no lo acepto. Vivir en sociedad es vivir conforme a ciertos valores que han probado ser útiles.
No aceptaré nunca que haya grupos encima de la Ley, porque eso incrementará el grado de impunidad y también nuestro desamparo.
Tengo un argumento documentado en Colombia.
Si se crea un Grupo de Limpieza, seguramente será pagado por grupos con recursos económicos y a esos grupos deberán rendir cuentas.
Tendrán que justificar su existencia atrapando criminales y soplones y seguramente eliminándolos.
Habrán de cumplir su cuota y la posibilidad de que aparezca el fenómeno de los "falsos positivos" será probable.
¿Qué son los falsos positivos?, pues civiles inocentes muertos por el ejército colombiano para hacerlos parecer como guerrilleros.
Intentaban así presentar resultados en su combate a las guerrillas.
El escándalo se destapó hace poco y nos muestra como un esfuerzo agresivo para detener la escalada de violencia, provocó otra mayor e igual de injusta.
A eso le temo, por eso me opongo. Que no se diga que en México se violenta la Ley por los que están obligados a defenderla, y que nadie se opuso a esa insensatez.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La fábula del Zorro, el Negro y unos bueyes

“Este país no lo vamos a arreglar,
--como están las cosas--,
haciéndonos güeyes”.
Mauricio Fernández Garza

Hace tiempo vivió un zorro amante de las leyes, que se indignaba porque un perro negro las violaba a diario y encima se reía.
Inspirado por su amor a la Ley, molesto por los ultrajes recibidos, el zorro ideó un plan para escarmentar al alevoso animal.
El plan además de peligroso, era arriesgado, pues incluia a sus amigos zorros dejando a un lado su natural respetuoso y su ánimo pacifista, para imponer la Ley a punta de golpes, tal y como se comportaba el perro.
Zorro llegó a la conclusión de que el semblante de un congénere no asustaba a nadie, así que haciendo gala de su ya legendaria sagacidad y agudeza, decidió que un disfraz de perro negro infundiría más terror que la afelpada cola de un zorro.
Pero luego estaba el carácter.
Una mona que pasaba por ahí le comentó a zorro lo que le decía su abuela: "Aunque te vistas de seda mi hijita...mjmj".
Y Zorro, que como ya dijimos es agudo y sagaz, entendió el mensaje.
Así que decidió buscar a algunos perros negros, a los que él consideraba groseros, violentos e irrespetuosos de la Ley, y que además no necesitarían ningún absurdo disfraz; para que hicieran el trabajo.
La solución fue aplaudida por el cónclave de zorros, principalmente porque ya no tendrían que preocuparse por manchar de sangre sus lustrosas colas, y resultó todo un éxito, porque entre aullidos de dolor el perro le dijo adiós a sus fechorías... y a la vida.
La comarca fue feliz, hasta que empezaron los rumores de que el perro negro había regresado y se paseaba por los alrededores y ocasionalmente robaba alguna gallina o golpeaba a algún zorro.
Y entonces la desconfianza volvió, y el temor, porque se rumoraba que era el fantasma del perro quien había regresado a vengarse.
¿Cómo si no se explica que pudiera estar en tantos lugares al mismo tiempo?
Mientras, los bueyes, que saben que los fantasmas no existen, observaban de lejos con una sonrisa tímida, ¿quizá de burla, quizá de pena?

lunes, 2 de noviembre de 2009

A mí la Muerte me la persigna II

Murieron otros,
pero fue en el pasado,
esa estación propicia a la muerte.
¿Será posible que yo,
súbdito de Yaqub Almansur,

muera como murieron
las rosas y Aristóteles?.
Jorge Luis Borges

No tendríamos que hacernos la pregunta del desconocido súbdito de Yaqub Almansur, el personaje de Borges, porque la respuesta es siempre "sí".
Recuerdo haber leído hace tiempo una frase aleccionadora. "La muerte debe estar delante, para hacer solemne a la vida".
Es decir que sólo la conciencia de que vamos a morir, le puede dar importancia al hecho de estar vivo.
Si fuéramos inmortales nuestros actos serían irrelevantes.
¿Qué valor tendría cualquier esfuerzo, sea para la bondad o la maldad, si el infinito tiempo lo anula?
Bueno, pues es la certeza de que sólo estaremos aquí unos años, lo que hace que cualquier esfuerzo nuestro tenga tintes épicos.
Nuestras luchas políticas, que quizá nos dejen sin comer; nuestra intervención para impedir una injusticia, que quizá nos cause la muerte; o el que cometamos actos criminales, que posiblemente nos metan a la cárcel; serían insignificantes si tuviéramos por delante la eternidad.
Por eso la muerte es generadora de vida, estimula la actividad. Claro, mientras no llegue.
En una entrevista memorable, Fernando Savater habla de la idea de morir y de sus virtudes.
Para el español, el sabernos mortales nos impulsa a pensar.
Nos cuestionamos y cuestionamos al mundo desde nuestras inseguridades, desde las cosas que nos faltan, que nos asustan.
Sabernos mortales nos hace humanos. Sabemos que vamos a morir y eso nos separa de los animales, que no tienen conciencia de la muerte, sólo del hecho de estar vivos.
Así, la principal virtud de la muerte es que acrecienta el valor de vivir y redimensiona nuestros actos.
Ser un sacerdote o un vendedor de autopartes robadas, tener inclinación por atropellar perros, o dirigir un comedor de ancianos, tienen valor y consecuencias en la vida breve que vivimos. Ante la perspectiva de inmortalidad nada importarían.
Cada cigarro que fumamos, o cada kilómetro recorrido al trote tienen su consecuencia, el pago es retrasar o adelantar el momento en que la muerte llegue a tocar, con su huesuda mano, a nuestra puerta.

domingo, 1 de noviembre de 2009

A mí la Muerte me la persigna I

"Si me dijeran que me voy a morir esta noche,
me pondría tan contento que
a lo mejor no me muero".
Jorge Luis Borges.

En México a la muerte se le adula, se la festeja, se le abraza, se le pide que muestre los dientes, se le desafía -¡qué me lleve de una vez!-, y también se le rinde culto.
Los mexicanos somos peculiares, tenemos convicciones, pero sobre todo tenemos ánimo festivo.
Somos devotos a un credo, somos devotos hasta al hecho de no tener un credo, sólo que no entendemos la devoción sin una fiesta de por medio.
Esto de ser festivos me ha parecido siempre sospechoso.
No es que seamos abiertos a las relaciones con los demás. Más bien parece que nuestro ensimismamiento de todos los días, se vuelve una explosión cuando nos unimos a una fiesta popular.
En la fiesta nos vaciamos de gravedad, dejamos de lado nuestro aire solemne y nos volvemos espontáneos y alegres.
Así, la Fiesta cumple su segundo fin, el desahogo. Pero sólo lo cumple luego de consumar su fin primordial, conjurar a la Muerte
.
Al mexicano la muerte le es indiferente, esta es una afirmación socorrida luego de ver tantas calaveritas y escuchar tantas canciones de José Alfredo.
Octavio Paz complementó esa afirmación: "al mexicano la muerte le es indiferente... en la misma medida en que
le es indiferente la vida".
¿Se matan entonces los mexicanos para negarle valor a la vida?, pues sí, aunque negarle sentido a algo, es otra manera de reafirmar su valor.
Como cualquier explicación sociológica, la del mexicano y su relación con la muerte es incompleta.
Escondida en esa actitud bravucona, los mexicanos tenemos por la muerte una actitud reverencial.

La que mostramos ante el hecho de morir es la sonrisa nerviosa o la carcajada, el humor que quiere quitarle peso al hecho de morir.
¿Tenemos miedo a la muerte?, esa pregunta no se puede contestar.
Sólo con el último aliento de vida podríamos responder con sinceridad, pero hasta antes de ese momento cualquier respuesta es incierta.
¿La actitud del mexicano es entonces falsa?, lo es sólo porque la realidad no lo ha puesto a prueba.
Sí teme a la muerte, pero a la muerte de los que quiere.
Su actitud ahora no es la del que reniega de vivir, sino de quien se sacrifica por los que a su parecer merecen disfrutar del hecho de estar vivo.
Parece decir, "la muerte para mí, la vida para los míos".
Con sus peculiaridades, con sus contradicciones, el mexicano les da a la vida y la muerte mayor valor, por su capacidad para engendrar una fiesta que las anule.
El mexicano, como los noruegos, los islandeses, los indios o los chinos, le teme al dolor que significa vivir o morirse y para aligerar ese dolor se inventa todo un culto liberador.
Pero no importa la latitud del mundo donde se viva, el hombre no quiere morir. Ante la inevitabilidad de la muerte se inventa otras vías de supervivencia y se pone la máscara del negador de la muerte, pero sólo para no asustarse ante el hecho irrebatible de que no es eterno.

sábado, 31 de octubre de 2009

El lector, como el cliente, es primero

Los que escriben y al mismo tiempo afirman que el lector les importa un comino, son descorteses y mentirosos.
Si además de eso no saben ni siquiera negociar de buen corazón con los gerundios bárbaros, como pedía García Márquez, merecen que sea al lector al que le importe un comino los textos que producen.
Yo lo que quiero es ser cortés.

Dejemos de lado lo que escribo y si es bueno o malo y que quede como muestra de mi cortesía al lector, el que le cambié la plantilla a este blog.
Usar fondos negros con invertidos --como de inicio hice-- comporta riesgos, el principal es que se dificulta la lectura.
Así que adiós. Quité el fondo negro, aumenté el tamaño del texto y cambié el tipo de fuente. Que no se diga de mí que además de confuso soy desconsiderado.
Ahora sólo se necesita un poquito de interés y tiempo de los visitantes al blog, para revisar lo que escribo y si se indignan o están de acuerdo, anotar algun comentario.

viernes, 23 de octubre de 2009

Modesta defensa de la Democracia

"El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio de la alubia, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los medicamentos, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos, el político corrupto".
Bertolt Brecht

El "idiotés" para los griegos era el desentendido de los asuntos públicos.
Un ciudadano que sólo se preocupaba por el bienestar de su familia y sus finanzas, a los ojos de lo helenos era un tonto. Tenían, como en tantas otras cosas, razón.
Recuerdo el ejemplo que el español Savater dio para justificar el interés en política.
Imaginó un avión con el motor en llamas, manejado por pilotos ineficaces y con unos terroristas amenazantes al mando. Luego preguntó qué sería lo más sensato, ¿poner algo de empeño en arreglar la situación para evitar que el avión se desplome, o desentenderse leyendo o mirando por la ventana?
La respuesta es personal y decisiva, las consecuencias sin embargo afectan un campo más amplio que el doméstico.
Si el que lee se inclina por intervenir opta por la práctica Política, si en cambio desea comparar las formas de la nube que ve pasar con la cara de algun vecino, está dentro de la categoría del criticado ciudadano ateniense del inicio de este texto.
Mientras la Ética se ocupa de un campo más personal y sus alcances son más limitados en el espacio y en el tiempo, la práctica política intenta crear condiciones para que los grupos humanos se comporten con valores que les permitan vivir en sociedad.
¿Cómo elige esos valores?. Observa, recapitula, compara sociedades actuales y pasadas, descarta actitudes nocivas, rescata lo útil.
Así se llega al consenso casi general de que la mejor forma de gobierno conocida es la Democracia.
No hay otro sistema político conocido que lo supere, porque se sustenta en la libertad, en la tolerancia, el respeto a las minorías, la igualdad y la solidaridad.
Tiene sus terribles fallas, ya que permite que demagogos y gente sin escrúpulos llegue a posiciones de poder, pero ninguna falla puede deslegitimar un sistema que le da libertad al ciudadano de elegir.
Puestos a simplificar sólo habría dos opciones políticas, o elegimos a nuestros gobernantes y les pedimos rendición de cuentas y los removemos si no funcionan, o los que nos gobiernan se autoproclaman en su puesto y manejan el poder a discreción, sin ningún contrapeso.
¿A quién se elige, a quién se deshecha?, ojalá fuera una decisión fácil. En el párrafo anterior se simplifican las opciones, pero en la práctica no hay una sola Democracia, ni un solo sistema autoritario.
Un autoritarismo puede tener rasgos democráticos, y hay quien habla de la "Dictadura de la Democracia" y lo hace con razón.
Para dejar alguna luz, vale recordar lo que escribió Karl Popper. El sistema político al que debemos aspirar, es uno en el que se creen los mecanismos que nos permitan relevar del poder a los políticos ineficaces, sin derramamiento de sangre.
Sea cuál sea la opción, lo que debemos evitar es buscar por la ventana del hipotético avión, a qué amigo se parece la nube que vemos pasar en la caída.

Arranque impulsivo

Una entrada antigua *
"Padre, padre!¿Adónde vas?
No camines tan deprisa.
Habla, padre, habla a tu hijo
o me sentiré perdido".
William Blake


Bitácora del capitán I

Dante, a mitad del camino de su vida, se extravió en una selva oscura, y no encontró mejor manera de recomponer el rumbo que sentarse a escribir.
Nada extraño, perderse es común, escribir para poner las cosas en orden también, lo que varía es el resultado.
El italiano nos regaló con su ejercicio, "La Comedia"; hijos de nuestro tiempo, los bloggers --algunos de ellos extraviados, todos con un afán de comunicar-- desperdigan perlas de conocimiento, en una marea enfadosa de información y no siempre con una prosa decente.
El impulso sin embargo es auténtico y muestra lo mejor y lo peor de la democratización de la publicación de textos.
A esos dos cualidades me atengo, a un impulso y a un derecho y también a que a mitad de mi vida, de repente me sentí extraviado.
Según los manuales de literatura, Dante tomó el promedio de vida de un hombre en los 70 años, así que fue alrededor de los 35 cuando el florentino perdió el rumbo y lo encontró ayudado por la razón y de la mano de la mujer que amó.
Hace tiempo que pasé esa edad, y no veo muchas posibilidades de alcanzar el promedio de vida. Lo que me queda es escribir mientras pueda, para poner en claro mis ideas, para hallar respuestas y consuelo.
Después de todo, para eso han escrito todos los que lo han hecho antes de mí.
Sin importar si la petición de ayuda sea respondida, sin importar si encuentre respuestas, las preguntas o plegarias son un alivio, ¿o quién puede asegurar que William Blake haya alcanzado la guía del Padre?, podemos sin embargo afirmar que la esperanza de consuelo es reconfortante y una fiel compañera para el final.

* Con este texto inicié un blog perdido hace tiempo, lo rescaté por nostalgia y aqui lo pongo.

jueves, 22 de octubre de 2009

La Comedia

“Del arte de imitar en hexámetros
[la Epopeya] y de la Comedia,
hablaremos después”.
Aristóteles


Bitácora del capitán II

En algo estaré un paso adelante de Aristóteles, puedo escribir sobre la comedia y su naturaleza corrosiva y luego esperar que alguien me lea.
Si leyeron "El Nombre de la Rosa", recordarán que el tratado de la Comedia, que suponemos escribió Aristóteles, pero que no llegó a nosotros, fue el motivo de tanta sangre regada.
Nada extraño que Eco situara en un monasterio su trama. Si hay alguna institución que reniegue del sentido del humor es la religiosa.
Su actitud se basa en un prejuicio extendido, que la comedia es frívola y que en su supuesta ligereza no se puede fundar un conocimiento serio.
Los dictadores también sienten aversión por los sarcasmos, sobre todo si se ceban en ellos, tan serios, tan estirados, tan arrogantes.
Y es que el humor tiene como sello su agresividad. Es provocador y mordaz.
“Disculpen si los llamo caballeros, pero no los conozco muy bien”, dice Groucho Marx y la risa está asegurada, dirijan la misma frase a un grupo de diputados y la ocurrencia se vuelve crítica social.
Recuerdo un escrito de Hugo Hiriart, en él decía que el humor, como la poesía, “nos permite entrar en contacto con lo que no acabamos de entender”.
De acuerdo, con el humor tomamos por asalto la realidad. Su carácter sorpresivo, su inesperada aparición ponen de cabeza lo conocido y le dan un sentido distinto.
Pero para que el humor sea efectivo, además de ser inesperado debe ser oportuno.
Si un hombre se nos acerca y nos habla con tristeza de sus penas de amor, Oscar Wilde sería eficaz: “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras no la ame”.
El sentido del humor se aprende, pero hay que tener una cierta naturaleza para que florezca.
Puedes aprender cálculo integral, o los mecanismos que hacen funcionar un motor de combustión interna, pero el sentido del humor, como el poético ocupan campos distintos.
La peculiaridad del humor, el rasgo que más me atrae de él es su agilidad, sus frases precisas, breves y contundentes. El buen sentido del humor refleja un espíritu alerta.
A Winston Churchill una señora se le acercó en una reunión y le dijo:
- Si usted fuera mi marido, yo le daría veneno... A lo que él respondió: - Y si usted fuera mi esposa, yo me lo tomaría...
¿Es el humor una solución?, más bien funciona como alivio, ¿alguien puede restarle mérito a esa cualidad?.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Un inicio ambicioso

La admiración por los grandes hombres, los grandes nombres mencionados, aluden a una aspiración y no a un ánimo comparativo.
El que este blog remita a Aristóteles no significa, ni de lejos, que el que lo escribe intente acercarse a él.
Del estagirita admiro su curiosidad y empeño para tratar todos los temas con rigor, aunque no siempre con fortuna.
Fue brillante en sus estudios literarios y de ética, tanto como errático con los conceptos de "generación espontánea" o "geocentrismo".
Afirmaba que los testículos existían como contrapeso al pene, al mismo tiempo que expuso los principios de la teoría clásica de la Política o fundó las bases de la Zoología.
Conoció a Alejandro Magno, aquel genio militar, y no sólo lo conoció, tuvo los atributos para ganarse su respeto y educarlo.
Ahora, 2331 años después de su muerte, en una civilización que no imaginó, tecleo esto con idéntica curiosidad pero sin la capacidad del esmerado alumno de Platón.
García Márquez escribe para que sus amigos lo quieran, yo lo hago para que lo lean mis hijos, ¿qué importa que me quieran mis amigos, si mis hijos no me conocen?
Y bueno, esto es una apuesta doble, es posible que al leerlo mis amigos me estimen más, es posible que al leerlo mis hijos lleguen a conocerme mejor, veremos que sucede primero.
Al igual que un náufrago lanza al mar una botella con un mensaje dentro esperando que alguien lo lea, así inicio mis escritos que espero sean los suficientes para dejar constancia de lo que fui.
Cruzo los dedos para que el tiempo y la capacidad alcancen.